Nicolás Benítez: “Nuestros inventos sacan más provecho al tiempo, que en urgencias es fundamental”

Nicolás Benítez es enfermero en el Centro de Salud de Armilla. Desde hace dos años compagina su trabajo como enfermero con inventar dispositivos que facilitan el día a día como una mascarilla antitusiva para intubar enfermos con COVID-19 o una gradilla porta sueros. 

¿Cómo empezaste en la investigación?

Por pura casualidad. Yo soy enfermero de atención primaria y de urgencias.

Actualmente estoy en la Unidad de Residencias de Granada Metropolitana, últimamente hacemos la vacunación de COVID-19. En la investigación todo empezó con una mochila de urgencias, luego vino un soporte, luego otro modelo de utilidad y luego vino la pandemia. Nos encaminamos en el tema de las invenciones y una cosa lleva a la otra. Y nos encanta. Intentas que esa idea que se te ocurre se plasme en un diseño. 

 

La gente se sorprende cuando un enfermero inventa cosas, pero tiene lógica en la medida en que vosotros veis las necesidades en el día a día ¿verdad?

Es una profesión práctica. Tradicionalmente la investigación ha sido un campo de los médicos y queda un poco raro que los enfermeros estemos. Tenemos muy arraigada en nuestro trabajo la evidencia científica. Y la búsqueda de la excelencia y la investigación. Pero sí, sí lo hacemos. Como tenemos esa aptitud tan práctica vemos las necesidades que existen y quieras que no siempre acabamos improvisando. Y esa improvisación es la que nos lleva a inventar, básicamente. Es raro ver enfermeros inventores pero los hay. 

 

El primer proyecto que te llevó a entrar en el mundo de la investigación fue una mochila. Cuéntanos acerca de esto. 

Realmente fue por una idea que tuvo un compañero. Ese compañero le dio forma y al tiempo me dijo que le habían concedido una patente. I me animó. Tenía esa idea de la mochila porque he trabajado mucho tiempo en urgencias extrahospitalarias y ahí los recursos son muy limitados. Entonces tienes que arreglártelas con lo que tienes. Y siempre vas solventando las situaciones con accesorios tuyos. Y siempre quise una mochila que tuviera un extensor para colocar los sueros y no tener que colgarlos en una pared o dárselo a un agente de tráfico. Entonces me puse manos a la obra. Hice una búsqueda y no había nada parecido. Solicité la patente y me la concedieron, fue rápido, la verdad. Lo siguiente fue un soporte magnético para los sueros, si no cuando andas se balancea, la idea es ese soporte para que quede fijo. Fueron surgiendo ideas y ya hemos solicitado unas 4 o 5 patentes más. Estamos en marcha.

 

¿Los compañeros cuando ven los inventos se suman?

Sí, es normal, si vemos algo que brilla lo queremos. Todo lo que pienso es para mejorar nuestro trabajo e inicialmente tiene una buena acogida, pero estamos detrás de terminar los proyectos de pilotaje de este invento y sacarle resultado, publicar artículos de alto impacto y llevarlo a congresos, que se vea más allá del nivel local. Que esté en el mercado, que los profesionales lo utilicen y facilitar el trabajo, ser más autónomo y sacarle más rentabilidad al tiempo, estamos hablando de urgencias y el tiempo es fundamental. 

 

¿Cómo afectó la pandemia? ¿Surgieron necesidades que no había hasta ese momento?

Sí, por ejemplo la gravilla porta sueros, que es un dispositivo que facilita la identificación del paciente y el transporte de esos tubos que se le extraen cuando se le atiende de forma extrahospitalaria para llevarlo al hospital. Debería ir siempre con su tubo. Habitualmente esa gravilla se fija con un esparadrapo o una bolsa, improvisación pura y dura, y una compañera me comentó cómo podríamos hacer esto para que fuera más sencillo y todos lo hiciéramos igual. Y a partir de ahí la imaginación. Cogí la pinza de sellar bolsas de comida, diseñé una gravilla pequeña con tres orificios a medida de los tubos estándares y los adherí, luego era ir modificando. Con un clip y unos imanes va sujeto al tubo del suero, entra acompañado del paciente y se visualiza y puedes identificar el paciente y el tubo. Se engancha directamente al tubo del suero porque siempre va a ir con una vía cogida. Es el único modo de que esos tubos no se pierdan. Si lo enganchas en la camilla o la ropa se puede perder cuando se cambia.

 

¿Qué trabajos han surgido durante la pandemia?

En la pandemia he trabajado con un equipo muy competente del que forma parte Ángela Giménez, que es la inventora al 50% de la gravilla y Pedro Medina. Hemos desarrollado una mascarilla para poder hacer las muestras de PCR sin riesgo de contagio. Son unas mascarillas para poder intubar a pacientes de COVID-19 positivos sin que sea una práctica de riesgo, porque genera aerosoles. Prima la salud del paciente, pero hay que hacerlo con seguridad. Por otra parte tenemos el soporte para mascarillas con la Universidad de Almería y está en proceso de concesión. 

 

¿Cómo te da tiempo? ¿Cuándo piensas: “cómo puedo darle una vuelta a esto”?

Ha habido momentos en los que he pensado en la vigilia. Te hace pensar en cosas que normalmente no piensas, intentas dormir y no lo consigues. El truco es no ser conformista y no te vanaglorias de lo bien que lo has hecho sino que piensas cómo puedes hacerlo mejor. Si se me ocurre busco a ver si existe y luego ya te planteas hacerlo. 

 

¿Cómo estás, como enfermero?

Ahora con el trabajo hecho y contento de estar vacunando ya. Sigue siendo estresante y hacer la conciliación con la vida personal es complicado, pero contento porque estamos viendo los resultados. Hemos pasado una época estresante, pero soy optimista. Trabajar duro, pero viendo el resultado te da ánimos. 

Investigación en enfermería patenta una jeringa para el lavado de oído y crea una sala infantil de vacunas en Granada

José Tomás Rojas es enfermero comunitario en el centro de salud Zaidín Sur de Granada, donde han diseñado y patentado una nueva jeringa para el lavado de oído. Se trata de un instrumento desechable para la extracción de tapones de cerumen. Además han adaptado una sala para ensayar cómo facilitar la experiencia de la vacunación infantil y reducir el dolor. José Tomás es además un curioso incansable y un gran fotógrafo.

La investigación en enfermería suele pasar desapercibida. ¿Cómo llegas a ella y demuestras que es necesaria?

Cuando estaba en tercero de enfermería un profesor nos empezó a hablar de la investigación. Era algo incipiente en aquel momento, no había apenas revistas de enfermería en España. A partir de ese momento se despertó en mí una inquietud. La investigación para mí es como una vía de escape. Me gusta la enfermería, pero especialmente la investigación. Mi trayectoria ha sido continua, siempre he tenido algún proceso de investigación entre manos. En mi caso todo ha partido de la práctica asistencial, de las necesidades que se van creando cuando estás trabajando. He desarrollado muchas investigaciones en el sentido práctico. Hace poco hemos publicado un trabajo sobre la vacunación infantil y el dolor. 

Cuéntanos sobre ese proyecto. 

El trabajo que hemos hecho sobre la vacunación y el dolor es muy interesante. Parte de la angustia de las madres y padres cuando ven a los niños llorar, lo que pretende el proyecto es que se tranquilicen los padres y los niños. El nerviosismo de los padres se transmite a los niños.

¿Cómo lo habéis hecho?

Hemos montado una habitación específica y la hemos decorado con motivos infantiles. Nada más plantearlo nos dieron el dinero, que fueron 300 euros. Decoramos la habitación y nos compraron una tablet. Les ponemos dibujos interactivos en función de la edad. Técnicamente se sabe que inyectando rápido y sin aspirar duele bastante menos. Si el niño está lactando duele menos, si no, le damos unas gotitas dulces y también reduce el dolor. También ponemos música de fondo y los padres la tararean y se relajan y el niño se ve más cómodo. Otra medida es que el niño esté en los brazos de la madre en vez de la camilla. En nuestro centro ya se ha convertido en una práctica, entramos en la habitación y nos ponemos los pijamas de colorines y cambiamos el chip. En la segunda dosis de la vacuna ya se van a la tablet ellos solos. El pinchazo les duele igual, pero mientras cargas la vacuna ya están entretenidos. Es curioso porque lloran y luego no se quieren ir. Estamos muy contentos con este proyecto. 

En cuanto al nuevo instrumento para el lavado de oído, ¿por qué es importante?

Efectuamos el lavado de oído a diario. Hemos hecho un cálculo y en Andalucía se hacen 300.000 lavados al año, cerca de dos millones en España. Es una práctica muy frecuente y la hacemos en enfermería. Es una técnica que no está exenta de sus efectos secundarios. Cuando empezamos a hacer el trabajo para elaborar el nuevo dispositivo encontramos cosas muy curiosas, venía un estuche por internet como un objeto de antigüedad y era la jeringuilla que utilizamos actualmente. La vendían ya como una antigüedad del siglo XIX. También hay dibujos de 1922 donde ya se usaba la jeringa que hoy se usa. La jeringa metálica de 100 o 150 ml, es grande, reutilizable y difícil de manejar.

¿Cómo surgió la idea?

Somos un centro docente y vienen alumnos de otros centros, ellos son los que empezaron a transmitirnos que existen otras técnicas. 

Un día vi que Ana, mi sobrina que estaba allí, cogió una jeringa de 20 ml con un catéter venoso. Lo cortó y se lo adaptó. Yo me quedé extrañado, dije: “Ana, si esto está estudiado, eso emitirá mucha presión”. Pero a partir de ahí vi que sí que era eficaz. Era la manipulación de un material que no estaba hecho para el lavado de oído, pero de mis orígenes en la UCI de pediatría, cuando trabajaba en el hospital, me acordaba que había unos conectores pequeñitos que ya venían estériles. Aumentaban un poco la presión de la jeringa de 20 normal y aumentaba el calibre del cono de la jeringa para poder orientar bien en el oído. Con eso hicimos el ensayo clínico y lo comparamos con la jeringa metálica y los resultados han sido muy buenos. Ese fue el inicio y a partir de ahí ya elaboramos una jeringa de una sola pieza

 

¿Qué ventajas tiene el nuevo instrumento?

Al ser de un solo uso, al ser materiales estériles, las otitis han bajado prácticamente a cero. Los efectos secundarios han bajado, la irritación al ser volúmenes más pequeños también y la eficacia ha aumentado. Hemos hecho un prototipo para poder pilotarlo, hemos hecho 70 casos tanto en adultos como en niños y va perfecta. Además es mejor material y más barato. Nuestra idea era justo esa, hacer algo muy específico muy barato y muy eficaz. Ahora vamos a empezar a meter los datos del pilotaje, el ensayo clínico está mandado a la revista, esperamos respuesta. Luego faltará la producción a gran escala.

Entrevista realizada por Óscar Huertas-Rosales
Redacción de Ana Iglesias Mialaret